Filme que retrata el mundo de los espigadores en Francia. Varda, una autodenominada “espigadora artística”, recoge imágenes y testimonios a lo largo de su país, para darles voz a quienes no la tienen: la gente que tiene que buscar su alimento entre la basura que los demás desechan.
Sin embargo Varda, como siempre, va (mucho) más allá. El filme se convierte en una reflexión sobre el cine mismo, la labor del cineasta, el paso del tiempo, la vejez, la vida, la muerte y la realizadora misma.
Hacer cine, afirma Varda, es como espigar: El realizador colecciona, examina, analiza y guarda diversas imágenes, emociones y palabras para lograr una obra.
También nos habla de sí misma y de cómo está cada vez más consciente del paso del tiempo sobre su cuerpo y de la muerte. Nos dice que sus manos le dicen que el final está cerca. Esas manos que manipulan la cámara y espigan para lograr grandes películas.
Varda finalmente espiga literalmente. Entre las cosas que encuentra está un reloj sin manecillas. Nos confía que un reloj sin manecillas le viene muy bien. Le parece bello, y, además, no le recuerda el paso del tiempo.
Un objeto aparentemente inútil que la mayoría de la gente desecharía, pero que, a pesar de todo, se revela como valioso para quien no se deja llevar por lo aparente. Varda se ha convertido en la espigadora por excelencia.

