Rouch reúne en Francia a un grupo de adolescentes estudiantes, algunos franceses, otros africanos, para dramatizar y ejemplificar el racismo.
A algunos les pide que actuén como racistas y a los demás que se opongan a estos comportamientos.
Al ser forzada la convivencia entre estas personas, me pregunto que tan relevante puede ser el fime como un auténtico documento antropológico.
Después, Rouch designa a una de las adolescentes para que actúe como manzana de la discordia entre los varones.
Después de que las barreras raciales que los seres humanos gustan de imponerse habían sido aparentemente superadas, surge otro tipo de conflicto que los seres humanos en su mayoría disfrutan; las “dificultades” sentimentales.
Así, resurgirán los resentimientos fundamentados en absolutamente nada, los prejuicios, la afición por el melodrama de muchos adolescentes y la “necesidad” que tienen los varones de la confrontación física.
Todo esto desembocará en la “muerte” de uno de los actores, lo que logrará, al fin, que los estudiantes se pongan a pensar en sus acciones.
No puede negarse que Rouch era bastante hábil para manipular personas, pues logró exactamente lo que se propuso con este filme, o al menos eso es lo que, en mi opinión, quiere hacerle pensar al espectador.
No puedo evitar pensar si el filme hubiera sido efectivo si Rouch les hubiera dado mucha más libertad a sus actores y no hubiera recurrido al cliché del conflicto amoroso. Pudo haber sido muy interesante ver el resultado. Tal vez.

